Si  bien la metáfora ha dejado de ser hace bastante tiempo un tema restringido a filósofos, literatos y lingüistas, que un médico presente una estado del conocimiento tan documentado desde diferentes perspectivas disciplinares y las acompañe con reflexiones pertinentes y agudas para pensar e influir en la práctica médica me parece un hecho sumamente relevante y auspicioso para nuestra comunidad médica y nuestra sociedad, en general.

por Guiomar Elena Ciapuscio


Como lingüista debo decir que leer en una revista de medicina un artículo dedicado al tema de las metáforas me ha sorprendido muy gratamente.  Si  bien la metáfora ha dejado de ser hace bastante tiempo un tema restringido a filósofos, literatos y lingüistas, que un médico presente una estado del conocimiento tan documentado desde diferentes perspectivas disciplinares y las acompañe con reflexiones pertinentes y agudas para pensar e influir en la práctica médica me parece un hecho sumamente relevante y auspicioso para nuestra comunidad médica y nuestra sociedad, en general.
El artículo del  Dr. Tajer ofrece variadas perspectivas sobre la metáfora,  aporta interesantísimo material experimental sobre el sustento neural del pensamiento y el  lenguaje metafórico  y, en particular, reflexiona sobre su presencia, valor y función en la práctica médica.

Como sostiene el autor, los trabajos de George Lakoff y Mark Johnson1 que dieron origen a lo que se conoce como “teoría cognitiva de la metáfora” han sido un punto de inflexión en la concepción sobre  la metáfora, primeramente en lingüística y filosofía y, luego, en los distintos campos del saber. Según estos autores, “la metáfora no es solamente una cuestión de lenguaje, es decir, de palabras solamente. (...), por el contrario, los procesos del pensamiento humano son en gran medida metafóricos"2; la metáfora tiene el poder de estructurar el conocimiento,  de permitirnos razonar  y evaluar3.
Las metáforas conceptuales sean convencionales (es decir, establecidas y compartidas socialmente como “el corazón es un motor”)  o creativas (acuñadas para describir o explicar conceptos o sucesos nuevos, como  “el tsunami financiero”) nos permiten entender aspectos de un concepto  en términos de aspectos no metafóricos de otro concepto. Con amplísima evidencia empírica, los trabajos de Lakoff y sus continuadores han mostrado que la metáfora impregna el lenguaje cotidiano.

Que la medicina integre las contribuciones de la lingüística y de las ciencias cognitivas en su praxis – asentada de manera fundamental en la palabra y el diálogo – es de enorme relevancia. Por razones de orden histórico-epistemológico, en general, en el campo de las ciencias, ha habido una posición tradicionalmente reticente cuando no refractaria respecto de la metáfora4. Sin embargo, en los últimos años, y en cierta medida por la influencia de la teoría cognitiva de la metáfora, se ha revalorizado radicalmente su papel: estudios especializados procedentes del campo de las ciencias y de la retórica del discurso científico se han explayado sobre el valor heurístico de las metáforas en la investigación y solución de problemas.
Es un hecho reconocido hoy que la metáfora constituye un mecanismo de conceptualización de extremada importancia en el campo de la creación y la comunicación del conocimiento especializado.  Sobre la base de las investigaciones existentes, podría proponerse el siguiente ordenamiento general de las funciones que pueden desempeñar las metáforas en el quehacer de las ciencias:

- En primer término, por su potencialidad epistemológica para estructurar y concebir nuevos objetos y fenómenos sobre la base de analogías con objetos y dominios cotidianos, desempeñan un papel crucial en la creación de terminologías, es decir, de palabras especializadas que las diferentes disciplinas necesitan en su actividad progresiva de construir conocimiento (algunos ejemplos extraídos al azar de revistas de medicina: proteínas chaperonas y chaperonopatías,  microsatélites de ADN ,  célula madre, virus huésped, tumor silente, etc.)


- En segundo lugar, por su poder para abrir otros modos y caminos de pensamiento la metáfora es esencial en la investigación: el instrumento metafórico permite focalizar percepciones de manera heurísticamente fértil; por eso, es un recurso fundamental para avanzar en el conocimiento e, incluso, para la acuñación de teorías y paradigmas superadores  de estados de conocimiento disciplinares (por ejemplo, la propuesta del biólogo evolucionista  R. Dawkins de “El gen egoísta”, la teoría de las cuerdas, en física, el lenguaje como órgano mental, en lingüística –Noam Chomsky-).

- En tercer lugar, al evocar dominios experienciales cotidianos, la metáfora constituye un recurso comunicativo efectivo para la explicación y exposición de contenidos conceptuales a distintas audiencias.  Ha sido destacada, justamente, la capacidad de la metáfora para provocar efectos particulares según los tipos de destinatarios5 : para un investigador, el pensamiento metafórico puede resultar en un avance en la resolución de un problema; para el lego – para el paciente - la metáfora es un recurso que permite conceptualizar fenómenos abstractos o excesivamente técnicos mediante asociaciones con objetos o aspectos del mundo cotidiano.

Como  ha sido observado en los últimos años, el grado de éxito de las metáforas  puede abrir, dirigir y obturar caminos de investigación; es decir, las metáforas determinan formas de acción e, incluso, “pueden tener la capacidad de definir la realidad”6 : así, llevado este aspecto  a la medicina, el modo en cómo se conciba la práctica médica (la metáfora que domine en el actuar médico y subrayo, en la interacción con el paciente) incidirá muy probablemente en el curso del tratamiento y su resultado – aspecto presente el artíclo del Dr. Tajer-.
Es importante quizás agregar que las metáforas son instrumentos flexibles, cuya interpretación puede variar según el escenario discursivo y los usuarios (sus creencias, su ideología, sus intereses, su experiencia socio-cultural); son recursos dúctiles que pueden ser profundizados, ampliados y precisados por los interlocutores que las emplean7 .
Un ejemplo de esto nos ofrece la  metáfora “la medicina es una guerra” que se menciona en el texto comentado. Allí,  la perspectiva de esa metáfora es la del médico y, desde esa perspectiva se valoran los aspectos  “virtuosos” y menos “virtuosos” de las correspondencias entre ambos campos conceptuales. En esa interpretación y valoración  los pacientes serían el “campo de batalla” entre los médicos y la enfermedad, elementos “pasivos”. Sin embargo, si considera esta metáfora en el “marco” de otra metáfora también mencionada en el texto “la medicina es un espacio para el encuentro entre un ser sufriente y otro que pretende ayudarlo”, podría argüirse otra interpretación, que contemple al paciente como un ser activo, agente en la guerra contra la enfermedad que ocurre en su cuerpo pero que también – y seguro más primariamente - es su enemigo.
El paciente, como es sabido, puede ser un socio sumamente importante en la batalla contra su mal, si se compromete con su tratamiento y actúa de manera atenta e inteligente. Pero también puede colaborar con la información “subjetiva” que suministra sobre la enfermedad que padece y, más precisamente, con las metáforas que emplea para la descripción de sus síntomas. Las metáforas y otros recursos vinculados con ellas – como las analogías, los ejemplos  e imágenes – son recursos que los pacientes emplean regularmente para explicar sus vivencias de la enfermedad,  las que, con frecuencia, son difíciles de verbalizar.
Estudios recientes sobre el empleo de metáforas en la comunicación médico-paciente8 muestran que el tipo de metáforas que emplean pacientes epilépticos en las descripciones de sus crisis o auras puede ser un  elemento sumamente importante para el diagnóstico del tipo de patología. Así, los pacientes que padecen una epilepsia focal conceptualizan mayormente su enfermedad con un sistema metafórico coherente y nítido que evidencian en sus conversaciones con el  médico: de manera predominante presentan sus ataques como producto de una entidad externa, autónoma y dinámica que los enfrenta; en cambio, los pacientes con otros tipos de epilepsia no emplean un sistema de metáforas tan claro.

La lingüística y el análisis del discurso, desde hace una más de una década, se dedican intensamente al estudio de las interacciones entre expertos y legos (un tipo muy estudiado es la comunicación médico-paciente), que se caracterizan por la asimetría de conocimientos y, en consecuencia, por determinadas dificultades comunicativas que hay que sortear para lograr una comunicación efectiva y eficaz. Un procedimiento recurrente en ese tipo de interacciones es la metáfora, que, por las características que describe el Dr. Tajer, tiene un papel central en el pensamiento y el discurso de médicos y pacientes.

Guiomar Elena Ciapuscio
Profesora titular de Lingüística, UBA
Investigadora Principal de CONICET.
CONICET – Universidad de Buenos Aires

*IntraMed agradece a la profesora Guiomar Elena Ciapuscio por compartir sus reflexiones con nuestros lectores.


Referencias
1.G. Lakoff y M. Johnson, Metáforas de la vida cotidiana, Madrid: Cátedra, 1991 (1ª. ed. en inglés, 1980)
2.Lakoff & Jonson, ibidem, pág. 42
3.G. Lakoff y M. Turner, More than Cool Reason, Chicago, The University of Chicago Press, 1989: págs. 64 y ss.
4.H. Weinrich, H. (1995). Wissenschaftssprache, Sprachkultur und die Einheit der Wissenschaften. Linguistik der .Wissenschaftssprache. H. Kretzenbacher y H. Weinrich. Berlin, Walter de Gruyter: 155-174, 1995.
5.Prelli, 1989, Ciapuscio 2001
6.Lakoff y Johnson, ibidem, pág. 199.
7.Ciapuscio, G. “Las metáforas en la comunicación de ciencia”,  En torno al discurso: Estudios y perspectivas, Anamaría Harvey, compiladora, Universidad Católica de Chile, Santiago, 2005, págs. 81-93
8.G. Brünner y E. Gülich,  Krankheit verstehen, Aisthesis Verlag, 2002.